Insulina:

¡La bendición de hace 100 años!
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Francis P. Baco, MD, FACP, FACE
Endocrinólogo

Los escritos sobre diabetes mellitus se remontan a los años 1,500 antes de Cristo. En aquella época los pacientes que desarrollaban diabetes mellitus tipo 1 tenían una expectativa de vida de unos 6 meses. La diabetes mellitus tipo 1 se caracterizaba por consunción, demacración y caquexia. Hoy en día, me atrevería a compararla con un paciente diagnosticado con cáncer de páncreas en un estadio incurable. La terapia de insulina, descubierta en 1921, le ofreció vida a estos pacientes. Esto significa que si probablemente alguno de nuestros padres o abuelos, tal vez nacidos antes del 1921, hubieran tenido diabetes tipo 1, nosotros no estaríamos aquí.

El Dr. Frederick Banting, ortopeda, propuso e investigó en asociación con John R. Macleod, profesor de Fisiología en la Universidad de Toronto, que el páncreas tenía una substancia relacionada con el control de la glucosa, y una forma diferente para separar esta substancia sin ser digerida por las enzimas del páncreas exocrino. Varios otros investigadores habían propuesto el rol del páncreas en el desarrollo de la diabetes mellitus, pero no habían podido extraer la substancia que según postulaban, controlaba la glucosa. En 1921, en asociación con Charles Best y James B. Collip, pudieron preparar un extracto pancreático que bajaba la glucosa en los perros con los que estaban experimentando. En enero de 1922, Leonard Thompson fue el primer humano que recibió una inyección del extracto. La primera inyección no tuvo éxito, pero luego de purificarla, unas 2 semanas más tarde, el extracto bajó la glucosa y las cetonas de Leonard Thompson. Este descubrimiento llevó a que Frederick Grant Banting y John James Rickard Macleod ganaran el premio Nobel en Fisiología de 1923. Ellos “vendieron” la patente por la cantidad simbólica de 50 centavos. Los científicos que participaron en este descubrimiento rehusaron alguna ganancia financiera y consideraron su descubrimiento como un aporte a la ciencia, a la investigación y para la humanidad.

El extracto original era un material espeso, marrón oscuro que compararon con estiércol (“thick brown muck”). El proceso se fue purificando, pero dependía del páncreas de origen animal para poder producir la insulina. Cerca de 10,000 libras de páncreas animal producían una libra de cristales de insulina. Se necesitaban dos toneladas, o unas cuatro mil libras, de cerdo para extraer 8 onzas de insulina. Esto obviamente era un gran reto de producción.

En 1975, Ciba-Geigy en Suiza pudo sinterizar la insulina, pero seguía siendo un proceso complejo. En 1978, David Goeddel pudo producir insulina humana utilizando DNA recombinante con bacterias de Escherichia coli. Esta tecnología abrió el mercado para poder producir una insulina más pura, a gran escala y menos costosa. Inicialmente solamente existía una insulina, de acción corta. Posteriormente se desarrollaron las insulinas con diferente duración o farmacocinética.

Obviamente, nadie quiere tener diabetes mellitus en voluntariamente, pero gracias al descubrimiento de la insulina, hoy en día la diabetes mellitus tipo 1 no es una sentencia de muerte. Y para la diabetes mellitus tipo 2, tenemos una forma para poder controlar la glucosa y disminuir las complicaciones de esta terrible enfermedad.

Por lo tanto, debemos ver el descubrimiento de la insulina como un hallazgo que les viene ofreciendo extender la calidad de vida a nuestros pacientes.
¡Una bendición!

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