LÉXICO MÉDICO
Patología dual
Co-ocurring disorder
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A nosotros, los médicos que peinamos canas, formados en la escuela del unicismo diagnóstico, nos causa cierta incomodidad el reconocer que a veces no nos queda más remedio que aceptar el hecho de que un paciente presenta dos, o más, patologías diferentes al mismo tiempo.
Por supuesto que no nos referimos aquí a lo evidente: está claro que un enfermo con SIDA, por ejemplo, puede presentar diversas infecciones, neoplasias y trastornos neurológicos, o que un politraumatizado es proclive a hemorragias, infecciones y fallas orgánicas de toda índole.
Pero en este caso nos referimos a la presencia de dos entidades distintas, bien diferenciadas, que hacen su aparición más o menos al mismo tiempo y que, además de dificultar o complicar el diagnóstico, suelen tener efectos sinérgicos.
El concepto de patología dual, que comienza a utilizarse en la década de 1980, aunque puede aplicarse a multitud de noxas, nace de la observación de pacientes en los que converge una condición psiquiátrica bien definida, con un trastorno de adicciones, sin que muchas veces pueda probarse que uno de los dos trastornos fue la causa directa del otro. Así, ocurre que la patología dual se comporta como en el cuento del huevo y la gallina, en que resulta casi imposible determinar cuál de las dos (o más) condiciones vino primero y si hay, o no, una relación etiológica (genética o factores medioambientales, por ejemplo) entre ambas.
Debe quedar claro que la patología dual no es un diagnóstico en sí mismo, sino una combinación de diagnósticos que deben ser pensados por el médico clínico para que puedan tratarse correctamente.
La idea es que, si no se piensa en esta posibilidad, por lo menos una de las condiciones presentes quedará sin el tratamiento adecuado y no se logrará, por tanto, la curación del enfermo.
El advenimiento de las tecnologías de la información, las comunicaciones y las redes sociales han puesto de manifiesto condiciones patológicas que eran desconocidas hasta hace relativamente poco tiempo y que se suman, cada vez con más frecuencia, a los componentes de la patología dual.
Algunos ejemplos de lo dicho anteriormente serían el de las denominadas adicciones sin sustancias (no químicas), como la adicción a las propias redes sociales, a las búsquedas constantes en internet, al juego (ludopatías), a las compras compulsivas, a los videojuegos y a la pornografía, todas ellas llevadas a cabo sin salir de casa, con recursos mínimos y generalmente encubiertas por la obstinada negación del paciente. Adicciones que se pasan por alto muchas veces y que impiden, por mencionar un simple ejemplo, el tratamiento efectivo de un trastorno bipolar.
Y también, para terminar, debe tenerse en cuenta que los patrones de presentación de las entidades implicadas a menudo se alteran de manera importante de un paciente a otro, lo que ayuda a confundir y dificultar el diagnóstico.
La coexistencia de dos condiciones distintas debe ser identificada para un tratamiento adecuado porque si no se considera esta posibilidad al menos una de las afecciones podría quedar sin tratar afectando la recuperación del paciente.
Referencias
- Gonzalez Mendez G. (2020). Patología dual. Educació Social. Revista d’intervenció sòcioeducativa, (75), 77-92.
- Rojas Bernal L, et al. (2024). Biomarcadores electrofisiológicos en patología dual. Revista Colombiana de Psiquiatría, 53(1), 19-30.
- Wang DJ, Jahanshad N, et al. (2021). A double-dichotomy clustering of dual pathology dementia patients. Frontiers in Neuroscience, 15, 728056.